miércoles, 13 de mayo de 2009

Autobronceador. Normas de uso (I)

Todas sabemos que un rostro y un cuerpo con un ligero velo de color –sin pasarse- es bastante favorecedor, pero estamos hartas de leer y escuchar lo nefastos que son los rayos del sol para la piel. Entonces ¿qué hay que hacer? ¿conformarse con la “blanca palidez” o lanzarse a las garras del astro rey? Ninguna de las dos cosas. Lo mejor es hacerse adicta al autobronceador. Por fortuna en este terreno las cosas han cambiado mucho en pocos años. Hace una década este tipo de productos dejaban un olor bastante desagradable en la piel, aportaba un colorido más amarillento que dorado, eran muy complicados de utilizar y al mínimo error el resultado era desastroso. Hoy gracias a las numerosas investigaciones en este terreno las cosas han cambiado mucho. El tema de los olores está superado, el color más que logrado, la aplicación es mucho más sencilla y el resultado está bastante conseguido . Aunque todos estos elogios no significan que se pueda coger el producto en cuestión y aplicárselo alegremente sin guardar algunas precauciones. A la hora de elegir el autobronceador conviene fijarse en la tonalidad que proporciona: suave, media o intensa, también interesa saber qué tipo de textura nos resulta más cómoda: hay quien prefiere las cremas y quien tiene más "arte" con los sprays y por último hay que observar si lleva o no protección solar ya que en caso negativo hay que recordar que aunque la piel se oscurezca de forma artificial eso no significa que ésta se encuentre protegida contra las radiaciones solares. Una vez que se tiene el producto elegido hay que recordar que para que funcione correctamente la piel tiene que estar preparada, o sea debe estar perfectamente hidratada y exfoliada. si no quedarán “manchones” bastante antiestéticos.

Fotografía © Lancaster