Desde que una mujer se entera que está embarazada hasta que da a luz, su cuerpo experimenta muchos cambios, y por qué no decirlo, la mayoría de ellos no suelen ser muy agradables: dolores de espalda, pinzamientos musculares, ardores de estómago, manchas en la piel, pesadez de piernas, retención de líquidos, agravamiento de la celulitis... En fin todo un compendio de molestias que podría hacer desistir a cualquier mujer de quedarse embarazada si no fuera por la compensación final de todo ello: ver la carita de su bebé al nacer. Si hay algo que cambia, y mucho, en la fisonomía de una embarazada es el vientre. Éste lógicamente va aumentando de volumen para, una vez nacido el niño, intentar volver a su estado original. Una de las principales consecuencias de ese "abultamiento" abdominal es la posterior aparición de las temidas estrías que además de en el vientre pueden localizarse también en el pecho, las caderas, los muslos y los glúteos. Las estrías son cicatrices que se producen al romperse la piel como consecuencia de un estiramiento de ésta. La mejor forma de prevenirlas es manteniendo la piel perfectamente hidratada para que las fibras de elastina, que son las responsables de la elasticidad y capacidad de distensión de la piel, se mantengan en perfecto estado. Así, a mayor elasticidad de la epidermis menos riesgo correrá de romperse. La constancia en la hidratación y el empleo de productos específicos antiestrías diariamente a partir del segundo mes de gestación impedirá la proliferación de estas antiestéticas "rayitas" blancas o rosadas. Las piernas también notan el "peso" del embarazo. Durante el primer trimestre, las hormonas reducen la tonicidad de los vasos sanguíneos y alteran la circulación de la sangre provocando que el drenaje tanto venoso como linfático no sea el correcto, por eso es normal que a partir del segundo trimestre se noten las piernas pesadas, aparezcan pequeñas varices o se agraven las existentes e incluso que en las últimas semanas del embarazo se retenga tal cantidad de líquidos que se hinchen los pies. Lo mejor es evitar los zapatos de tacón durante el periodo de gestación, caminar, evitar tanto las exposiciones solares como los baños calientes o las saunas, terminar la ducha con un chorro de agua fría, aplicar masajes y siempre que se pueda mantener las piernas en alto. Además las cremas específicas para piernas cansadas ayudan a refrescar y aliviar la pesadez.



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