La imagen de los hijos jugando al borde del mar mientras sus padres los contemplan embelesados sobre la toalla o desde el chiringuito, es una de las estampas más típicas del verano. Son muchas las familias que pasan horas en la playa y vuelven al hotel felices, contentos... y con un daño irreparable en sus pieles. Porque la mayoría ni utiliza correctamente los protectores solares ni, mucho menos, llena su bolsa de vacaciones con productos adecuados para cada miembro de la familia. Si a la playa cada uno va con su bañador y su toalla, sería impensable que tras el baño la abuela le dejase a su nieto su bañador y así se lo fuesen pasando de unos a otros, es imprescindible que cada uno lleve su propio producto de protección. Y es que el sol no a
taca con la misma virulencia a todo el mundo. No solo hay que tener en cuenta el tipo de piel, más clara u oscura, también la edad juega un papel importante bajo el sol. Si hay una época en la vida en la que hay que extremar las precauciones esa es la infancia. Hasta los seis meses de edad, los bebés nunca deben exponerse al sol de forma directa y, a partir de ahí y hasta los tres años no se debe bajar la guardia. Siempre que no estén en el agua deben ir protegidos con camiseta, gorra, a ser posible bajo la sombrilla, y con cremas con altos factores de protección. Su piel es mucho más frágil que la de un adulto y además sus mecanismos de termorregulación no están
suficientemente desarrollados por lo que ellos no tienen la sensación de quemarse que podría tener un adulto. Por eso a veces es demasiado tarde y cuando nos queremos dar cuenta el niño sufre el llamado “eritema actínico” con aparición de enrojecimiento de la piel, quemaduras, fiebre, náuseas, insomnio, etcétera. Y hay que recordar que las radiaciones solares se graban sobre la piel y su efecto cancerígeno es acumulativo con la edad. Existen investigaciones que relacionan directamente las quemaduras solares en la infancia con la aparición de melanomas malignos a una edad adulta. A la hora de proteger a los niños los mejores son los productos con pantalla solar ya que contienen un bloqueador de las radiaciones solares. Este punto hay que cumplirlo a rajatabla con los bebés ya que sus pieles presentan una absorción de los productos más elevada que los adultos. Además, con los más pequeños es mejor emplear productos que sean resistentes al agua y a la arena, y por supuesto hay que reaplicarlo cada vez que salgan del agua. Todas estas precauciones hay que extremarlas en niños con pieles y ojos claros, los que se broncean con dificultad y en aquellos que tengan, desde pequeños, mas de cinco lunares con un diámetro superior a los cinco milímetros. 
Aunque al llegar a la adolescencia la piel ya es mucho más madura, en cuanto a mecanismos de termorregulación y formación de melanina, no por ello hay que bajar la guardia ya que los riesgos de la exposición solar son acumulativos sobre la piel. En esta etapa de la vida muchas jovencitas sufren un problema que les puede llegar a causar muchos complejos: el acné. Este surge como consecuencia de los altos niveles en sangre de progesterona y testosterona que hacen que las glándulas sebáceas trabajen excesivamente llegando a obstruir los poros provocando los granitos y puntos negros. Muchas chicas ven en el sol un verdadero aliado para acabar con él, aunque r
ealmente lo único que hace es camuflar el problema. Aunque efectivamente el sol seca los granos también hace algo más. Con el bronceado la piel se engrosa temporalmente, los poros se cierran y, de ese modo las glándulas sebáceas permanecen “encerradas” bajo la superficie de la epidermis. Pero cuando acaba el verano y el moreno desaparece, la piel recupera su grosor inicial y el problema, o sea el acné, reaparece con más virulencia y, en ocasiones, acompañado de puntos negros e inflamaciones. Por tanto las personas con pieles acnéicas deben consultar con el dermatólogo cuales son las precauciones que deben tomar a la hora de exponerse al sol. En general no hay que olvidar la protección, ya que aunque la piel se recupera rápidamente de la agresión solar, debido a su juventud, el capital solar va disminuyendo a medida que se va exponiendo el cuerpo y el rostro al sol y eso pasa factura a largo plazo.



1 comentarios:
He probado los fotoprotectores Soltan que recomiendan en este reportaje y lo mejor es el spray COLOREADO para niños. Al aplicarlo, el producto tiene color verde para poder extenderlo sin olvidar ninguna zona. El color luego desaparece como por arte de magia, por lo que resulta como un juego para los niños. ¡Diversión y protección a la vez!
Publicar un comentario en la entrada