viernes, 4 de diciembre de 2009

Loewe crea un cuento de hadas con sus cofres de perfumes navideños

La mayoría de nosotros tenemos grabados en nuestras mentes algunos anuncios de televisión. Y ya si hablamos de spots navideños no os quiero contar. El famoso “…vuelve a casa vuelve…” con el que más de uno se ha emocionado e incluso llorado, los de las burbujitas Freixenet o el del famoso calvo de la Lotería, entre otros. Pues bien a la vista de estos, para muchos, significativos recuerdos parece que en cuestiones de publicidad la navidad se resume en reencuentro (léase amistad, amor, familia,…), alegría chispeante y magia (la de la lotería, se entiende). Y precisamente esos tres puntos están muy presentes en la nueva campaña que realiza Loewe para estas fechas, en la que, por cierto, la marca pasa de la sensual imagen de la chica lamiéndose la rodilla al más inocente cuento de navidad. Y con vuestro permiso os lo voy a contar tal cual lo narra Loewe. La verdad es que para los enamorados de los perfume es una bonita historia, quizá a algunos os parezca pelín cursi, pero también eso es algo que dan las fechas. Ahí va:
“Entre las sombras y aromas del bosque encantado, se reunían bajo la luz de la luna hadas verdes, azules, doradas y blancas, hadas soñadoras, felices y divertidas. Pero no era noche de fiesta. El Rey de las Hadas había convocado una reunión de emergencia. Se cumplían exactamente cien años desde que ningún ser humano caía cautivo en el mundo de las hadas y estaba aburridísimo. Con lo que le gustaba a él jugar con hombres y mujeres y demostrarles la superioridad de las criaturas fantásticas.
Necesitaban crear nuevos vínculos entre su universo y el de los humanos de forma urgente. ¿Alguna sugerencia? Los tintineos y risas contenidas de unas jóvenes y risueñas hadas de Aire, Agua, Fuego y Tierra rompieron la solemnidad del momento. ¿Qué estaban susurrando? ¿Tenían algo que decir? Agua y Aire, tímidas, se sonrojaron. Tierra, educada, musitó un “perdón”. Fuego, mas desafiante, preguntó en qué eran superiores las hadas a los humanos. El Rey, en un arranque de poder, le invitó a averiguarlo… Y desterró a las cuatro hadas al otro mundo durante una semana, para que buscaran la solución que a él le atormentaba en las horas de vigilia.En el otro mundo - País de los Humanos – el tiempo transcurría mucho más deprisa y Aire, Agua, Fuego y Tierra vieron vidas enteras en lo que su hogar sería un soplo de viento frío en un día de primavera. A su regreso, el Rey organizó una gran fiesta de colores para las desterradas, que lucían radiantes y sabias. En esta ocasión, Aire, etérea y confiada, empezó el discurso: “Los humanos son seres grises, a quienes les afecta demasiado el mal ajeno”. Agua, fresca y hermosa como nunca, continuó. “Han perdido la ilusión y la confianza en sí mismos. No creen en sus sueños”. Tierra, orgullosa, carraspeó antes de soltar la frase que, creía, encandilaría a todos: “Nuestro poder es que las hadas sabemos quienes somos. Vivimos tanto tiempo que somos capaces de reconciliarnos con nuestros defectos y disfrutar de nuestras virtudes. Sabemos ser felices”. Fuego, seductor, clavó su mirada en los ojos oscuros e interminables del Rey: “Y por eso, efectivamente, somos seres superiores. La solución que buscaba, majestad, es sencilla: tienen que aprender de nosotras”. “Por eso vamos a regalarles nuestra sabiduría”, revoloteó Agua, deslumbrante. “A través de nuestros susurros”, añadió Aire, en un murmullo de brisa. “Que les llegarán mediante unas pócimas…”, explicó Tierra, erudito. “Que ellos, allí, llamarán perfumes”, concluyó Fuego, con una sonrisa cautivadora. Y Fuego se acerco al Rey, le roció con unas gotas de sus alas y le susurró durante unos instantes en el oído. El soberano de la mirada eterna sintió la maravilla entra las maravillas. Un súbito fuego por sus venas. Una mezcla de ligereza, optimismo, elegancia, sensaciones indescriptibles, éxtasis. El Rey, más contento que en los últimos cien años, enseguida abrazó la idea como si fuera suya. Y nadie se atrevió a llevarle la contraria, ni siquiera Fuego. Dio una orden tajante a las hadas más laboriosas: elaborarían varias pócimas, llamadas perfumes, para regalar a los humanos. Y, además, iban a construir unos cofres mágicos llenos de susurros para repartir por el otro mundo. Cada vez que alguien se rociara con unas gotas de elixir, habría un hada para susurrarle al oído. Para recordarle que el verdadero poder - único, inigualable y especial – está dentro de uno mismo. La magia. Vayas donde vayas y seas quien seas, siempre la encontrarás en tu interior. Y así, con el regalo de Aire, Agua, Fuego y Tierra, ambos mundos – el de las hadas y el de los humanos- volvieron a estar unidos para siempre…O al menos mientras hombres y mujeres sigan utilizando las pócimas de Loewe”.
Y colorín colorado,… este cuento no se ha acabado porque ahora es cuando vamos a ver qué pócimas hay en los cofres, quien las regala y a quien se dirige. A la vista de los datos que cada uno decida la más adecuada para regalar o que le regalen.

Quizás, Quizás, Quizás: (Eau de toilette de 100 ml y un desodorante en spray de 75 ml. 81,50 €)
Pócima de seducción.
Hada juguetona.
Susurro para una mujer que quiere distinguir entre la verdad y el hechizo…Dentro del irresistible juego del deseo y la seducción.

Aire LOEWE (Eau de toilette de 100 ml y bálsamo corporal de 100 ml. 76,50 €)
Pócima de elegancia
Hada dorada.
Susurro para mujeres dulces, femeninas y agusto con sus vidas… Tan etéreas y felices, que vuelan por sus propios medios.
A mi aire (Eau de toilette de 100 ml y bálsamo corporal de 100 ml. 83 €)
Pócima de rebeldía
Hada de aire.
Susurro para una mujer que se concede la libertad de escaparse a otros mundos…Y por ello sabe permanecer eternamente joven y hermosa, a su manera.

Agua de LOEWE (Eau de toilette de 100 ml y bálsamo corporal de 100 ml. 63 €)
Pócima de universalidad.
Hada de agua.
Susurro para mujeres y hombres puros, transparentes, sin nada que ocultar… Y que creen en el sueño de compartir hasta la misma frescura.

Solo LOEWE (Eau de toilette de 75 ml y desodorante en spray de 75 ml. 80 €)
Pócima de eternidad.
El Rey de las hadas.
Susurro para el hombre que es todos los hombres… Y que busca la unión entre los muchos mundos que le rodean.

Solo LOEWE Eau de cologne intense (Eau de Cologne de 75 ml y desodorante en spray de 75 ml. 80 €)
Pócima de la serenidad.
Hada de la armonía.
Susurro para un hombre que se hace atractivo por su esplendor… Y que encuentra el equilibrio entre la tensión de los contrastes que le rodean.
Esencia LOEWE (Eau de toilette de 100 ml y un desodorante en spray de 100ml. 98 €)
Pócima de masculinidad.
Hada de fuego.
Susurro para un hombre seductor, complejo, que pisa fuerte y a quien le gusta dejar estela por sus méritos… Y por su fragancia.

LOEWE Pour homme (Eau de toilette de 100 ml y un desodorante en spray de 100ml. 81€)
Pócima del saber estar.
Hada de tierra.
Susurro para un hombre sencillo y elegante que sabe lo que quiere y lucha por ello.

Aire Loco LOEWE (Cofre joyero con eau de toilette de 100 ml y desodorante en spray de 75 ml. 87 €)
Pócima de la locura.
Hada Revoltosa.
Susurro para una mujer atrevida, rompedora, intimidante. Una mujer que controla todo lo que hace.