La década de los cuarenta supone un importante bajón para la piel. La capa dérmica adelgaza, la producción de lípidos se reduce considerablemente, los niveles de colágeno y elastina descienden y todo ello provoca que la epidermis se vuelva más sensible, áspera, seca, tirante y, por supuesto, con más arrugas. Si esto se combina con una exposición solar irracional los daños se multiplican considerablemente.
También a esta edad los melanocitos pierden la capacidad de síntesis de la melanina por lo que el bronceado no es uniforme y se produce la aparición de manchas o lentigos solares. Estos suelen aparecer en el dorso de las manos, cara, escote y antebrazos, o sea en las zonas más expuestas y menos protegidas frente al sol, como consecuencia del daño solar acumulado a lo largo de toda nuestra vida. Por todo ello, hay extremar los cuidados tanto bajo el sol como antes de exponerse bajo sus rayos. Los sueros y otros productos presolares preparan la piel, afinan su textura y activan el proceso de pigmentación para obtener un bronceado natural y uniforme. Estos cosméticos deben
aplicarse al menos quince días antes de comenzar con las exposición solares. Además de los productos preparatorios y de las cremas de
protección total ricas y untuosas conviene emplear productos after-sun reparadores que contengan principios activos antienvejecimiento especiales para pieles maduras.Alrededor de los cincuenta años llega la menopausia y con ella, además de numerosos cambios físicos y psíquicos, también se producen transformaciones en la piel. Junto con la reducción de estrógenos también se pierde parte del colágeno encargado del espesor de la dermis, la regeneración celular se reduce casi a la mitad, la piel retiene menos cantidad de agua.... y los problemas que nos acechaban en la década de los cuarenta se acentúan al sobrepasar la barrera de los cincuenta. Todo ello provoca un aumento de las arrugas, la relajación de los músculos cutáneos, el adelgazamiento de la
piel, su deshidratación, ... Por eso hay que reforzar aún más la
prevención solar porque sus rayos ahora actúan sobre una piel más frágil y desprotegida cuyos melanocitos ni son tan abundantes ni tan efectivos como antes, dejando a la piel indefensa, por lo que los daños, y la posibilidad de desarrollar cáncer de piel, pueden ser todavía más serios que en la juventud.














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Cuando decidí que a pesar de lo cómoda que estaba con la mascarilla tampoco era cuestión de estar el resto de mi vida de esa guisa y me quité el excedente del producto, lo que no había sido absorbido por la piel, con agua fría la sensación de frescor fue aún mayor y he de deciros que permanece durante un buen rato. En cuando a la acción 











