Algunas mujeres poseen una capacidad especial para descubrir la verdad de algunas cosas. Esto suele ser algo duro para quienes compartimos nuestro espacio vital y emocional con ellas. En el caso de mi esposa querida, he de apuntar en su debe a la estabilidad conyugal el que me descubriera ciertos defectillos, que si bien, realmente, no tienen una importancia trascendental en mi vida, sí en cambio, me sacaron del cómodo limbo en el que yo me desenvolvía, provocándome una, llamémosla, cierta inquietud. O no, llamémoslo mejor, innegable desasosiego. No, casi va a ser más acertado llamarlo alarma, sobresalto, mala hostia, comezón, temor, horror… Descubrí así de sopetón que me estaba haciendo mayor y que además tenía el cutis hecho una mierda ¡Hale, así de repente! ¡Sin preparación psicológica previa! ¡Sin haber tenido tiempo de llevar a cabo ni un solo ejercicio de asimilación..! POR LA CARA- Cariño, tienes la barba blanca.
- ¡Unos cojones. La tengo rubia!
- Que sí, que sí…
Por supuesto no admití que mis pelos faciales fuesen canosos, pero ya me quedé con la mosca detrás de la oreja y me dejé de afeitar un par de días para que asomaran más y dieran la cara.
- ¡Me cago en tó!
- ¿Qué pasa, cariño?
Preguntó ella, más falsa que un duro de hojalata.
- Nada, nada.
Sí. Al mirarme al espejo nada más levantarme de la cama comprobé que mi cara tenía una pátina pinchuda y blanquecina como si me hubiesen untado nata con un pincel.
“Muy bien, muy bien. Pues se asume y punto. La edad no perdona. Ya no soy un chaval”, me repetía una y otra vez. Y al cabo de unos días, cuando ya parecía ir consiguiendo hacerme a la idea, me soltó según me peinaba: “Desde luego, cariño, tienes la cara llena de puntos negros”.
- ¡Unos cojones!
No. Eso ya no. Son lunares. Son pecas. Los he tenido toda la vida. Me niego a recibir otro varapalo en el centro de mi ego. Pues sí, resultaron ser puntos negros. Oscuras sombras rellenitas de grasa que moteaban mi rostro… Pero, oye, me mandó mi mujer a hacerme una limpieza de careto, me empecé a dar una crema exfoliante y desaparecieron los puntos negros como por arte de magia. Tengo ahora la cara lisiiiiiiita, lisita, como la superficie de la mesa que tenemos en el salón.











































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