lunes 8 de febrero de 2010

FLORES Y CARDOS, por Enma de Scarada. SAN VALENTÍN, HAZ ALGO POR MI

Desde el mes de diciembre la bandeja de entrada de mi e-mail profesional comienza a saturarse con correos que anuncian sets y packs de regalo de perfumes y cosmética; fragancias y cremas aderezadas con bolsitos, neceseres, paraguas, colgantes, sales de baño, afeitadoras….cualquier cosa vale para animar al amante a demostrar su amor a su amado/a el 14F. Puro comercio, pienso, un invento urdido por las firmas y las grandes cadenas comerciales para avivar el consumismo en un mes aún más empinado que enero. Una costumbre, esta de regalar el día de los enamorados, de origen anglosajón que a los mediterráneos ni nos va ni nos viene, me digo. Al parecer fue un poeta inglés del siglo XIV, un tal Geoffrey Cahucer, - autor de los eróticos y picantes Cuentos de Canterbury -el primero que estableció una relación romántica entre el 14 de febrero y los enamorados cuando compuso un poema a su rey, Ricardo II, y a su futura esposa, Ana de Bohemia, para conmemorar su regia boda, en el que hablaba de pajaritos que se cortejan y anidan juntos para tener polluelos. El tenía 14 años, ella también y, lo más curioso, se casaron el 14 de febrero. Puede que en su tálamo nupcial se limitaran a ofrecerse flores, poemas y regalitos y que de ahí venga la costumbre de yankies y ciudadanos de la Commonwealth de intercambiarse rosas y tarjetones cursis cubiertos de corazones en fecha tan señalada. Sigo pensando. La tradición se ha globalizado, nos ha atrapado como la de Santa Claus, pero creo que los españoles – y latinos en general- le pedimos algo más a Cupido para celebrar el amor, venidero o asentado, que unos versos robados a Neruda, Benedetti o Bécquer y un lote de perfumes o cremas sazonadas con un envoltorio romántico. Además de rosas rojas, anhelamos lo que significan: pasión y sexo. Y puestos a cumplir con San Valentín, nada mejor que hacerlo a conciencia, urdiendo un plan que incluya un buen cava, una cena a la luz de las velas amenizada por las notas en vivo de un piano interpretando los Nocturnos de Chopin y un fin de fiesta en la alcoba tan sensual y sexual como los que Cahucer describe en sus Cuentos de Canterbury. Si el relax producido por una noche entregada por completo al arte de amar no es suficiente, nada mejor que aumentar las reservas de endorfinas con un buen masaje y un circuito termal tras el desayuno que acabe de diluir la rutina y el estrés y nos haga sentir amantes y amados. Un plan de película que se puede consumar en muchos hoteles y balnearios, pero que tiene en “El Bosque” un lugar al alcance muchos bolsillos y a 60 km de Madrid. Y no sólo en San Valentín, porque seguro que al santo le da igual que los amantes se amen en cualquier fecha, fuera de tópicos y obligaciones de agenda. Por 175 euros una pareja puede disfrutar de una noche romántica y los beneficios que aporta emocionales, físicos y mentales. Sin duda, mil veces mejores que todas las notas sexys de una fragancia, los complejos activos de una crema de última generación o un objeto repleto de corazoncitos y fabricado en serie. Y si de sorprender se trata, el personal de El Bosque se encarga de entregar un tarjetón a domicilio –que se puede acompañar de una rosa roja, ¿por qué no?-; una carta personalizada que a más de uno y de una le hará más ilusión recibir que un set estereotipado de antemano. Materializar la idea es tan fácil como llamar al teléfono 918 573 149 de Madrid o teclear www.el-bosque.org . Lo dicho –y experimentado- es sólo una de las posibilidades que ofrece este centro-balneario de desarrollo humano, donde os puedo asegurar que San Valentín está presente todo el año y cuyos servicios van más allá de las flores que yo pueda echar desde aquí.

1 comentarios:

Palabras Negras dijo...

Por San Valentín o San Ballantines, sea otoño, verano o primavera El Bosque es un centro de bienestar y salud que merece la pena conocer. Un remanso de paz y tranquilidad que nos libera de las tensiones diarias. Si no me equivoco también realizan cursos de risoterapia y yoga. Gracias Enma de Scarada por la información y sobre todo por haberme llevado de manita a este paraje sin igual.