lunes 5 de abril de 2010

UN CAMBIO REAL, PARA MAL, DIGO, por ENMA DE SCARADA

La princesa está triste, ¿qué tendrá Princesa? Y no me refiero a la del anuncio de galletas de hace más de dos décadas, sino a la nuestra. A Letizia. “Quién la ha visto y quién la ve”, que diría el pueblo, ese al que tanto aluden desde su real y postiza casa. Hace poco más de un lustro era una chica agraciada, tan agraciada que daba el careto todos los días en La Primera contándonos lo que pasaba por el mundo. Con sus ojitos verdes, sus mechas rubias y sus ademanes de lo más profesional frente a la cámara. Ahora, desde que es Princesa de las reales, de las de verdad, se ha quedado “no digo que fea, porque fea no es, pero flaquita, flaquita” (como dice Sabina en su magistral rap marujil "Como te digo una co, te digo la o")

Pero más allá de que haya perdido en torno a los 10 kilos bajo el peso de la tiara principesca –sé de buena tinta que antes de ser regia tenía celulitis como el resto de las féminas de la plebe-, no hay más que mirarle a la cara para percatarse de que algo no anda bien en su cabecita, de que el palacio le ha desamueblado su psicoazotea. Con treintaytantos, se opera la nariz. Y no porque le parezca deleznable la que la genética le otorgó. No. Esa sería una razón tan razonable, un complejo tan normal que cualquier pueblerina la entendería (entre nosotros ¿quién no tiene complejos físicos? ¿quién no se quitaría de allí y se retocaría aquí?). Yo aplaudo la cirugía meramente estética, la que quita complejos frente al espejo y está bien hecha, sin psicodisformías de por medio. Pero sus razones eran más Reales, más de abolengo. Sus razones, según explicó un comunicado de su real casa, eran de altura médica, se quitó el caballete porque tenía un problema en el tabique nasal que le impedía respirar bien”. Por lo visto, los 35 años de su existencia anterior, respiraba como los anfibios, por un aparatoso y singular sistema de branquias. Claro, que como narran los cuentos, cuando una rana se convierte en princesa el tema de la mutación debe ser complicado. Tan complicado que una tiene problemas para respirar y tienen que ponerle una nariz de Barbie para subsanar el entuerto. Bien, nunca he sino rana y sé que nunca seré princesa, así que no voy a tener que pasar por ese trance, cosa que agradezco. Y dejo aquí este tema de narices para centrarme en la expresión de sus ojos. En las últimas fotos -sobre todo desde que mutó en princesa con nariz de muñeca- publicadas en la prensa del corazón, parece flipada. Sí, poseída por un mirar ajeno al pueblo y a cualquier otro acontecimiento que suceda a su alrededor. Sin la chispa de cuando era presentadora de los Telediarios, sin aquella gracia de chica de la tele. ¡Fijarse, por favor! Que en vez de mirar parece que le han puesto un par de palillos en el contorno ocular que le impide gesticular, tener expresión. Yo creo que se pincha. Botox, claro. Porque como dice mi amiga Yolanda, no hay mejor contorno de ojos que unos picotazos bien dados de toxina botulínica. Yo añado, hay que dárselos con magistral destreza para que más que congelar la expresión, te alivien las arruguitas prematuras, con mesura y sin estridencias. De ti para mí, Letizia, busca otro/a que te pinche con más realismo, que para eso estás en lo Real. Y como estoy embalada, ahora me toca la sonrisa. Al parecer las ranas que se convierten en princesas no tienen los dientes odontológica y regiamente bien dispuestos. Nuestra antaño presentadora, tenía una sonrisa correcta y blanqueada, con alguna imperfección, como todos, que la hacía mortal y cercana. Ahora, ha decidido llamar a su dentadura al orden, alinearla con precisión suiza para que no discrepe con su nariz de muñeca y sus ojos inexpresivos. Se ha puesto unos correctores –brackets entre la gente de alcurnia-, de quita y pon, como la diadema de diamantes que solo luce en ocasiones de abolengo y etiqueta. Solo que los correctores dentales han sido objeto de paparazis y fotógrafos indiscretos. Vamos, que se le olvida quitárselos cuando tiene que sonreír al pueblo y ¡zas!, el periodista gráfico de turno no duda en hacer una ampliación de 500 pixeles para vendérsela a cualquier cabecera que quiera comprar la imagen de su sonrisa corregida. Y mientras que la crisis y los mangoneos de políticos corruptos llenan las páginas de los periódicos serios, la prensa del corazón lleva especulando meses sobre los brackets transparentes de la princesa. Digo yo ¿serán como su tiara prestada de diamantes o se limitará a llevar los mismos que el vulgo?
Y a lo que iba, para ir terminando, a esta chica su futura profesión de reina la está trastornando la percepción de su imagen y eso que aún no ha tomado posesión del trono. Quizás cuando le llegue el turno de ser reina, quiera ser tan perfecta y haya cambiado tanto su look de serie, que el pueblo al que le toque entronizarla la confunda con una rana. Y no la entronice por irreal.

2 comentarios:

Bueno teniendo en cuenta que todo lo que se hace (retoca), no le cuesta un duro, ya que lo pagamos la plebe....... yo también me lo haría todo. Que pena que la gente lo esté pasando tan mal, y que estos de la casa real despilfarren dinero en sus tonterías. Que se quiere arreglar los dientes, pues una pasta en ello, y habrá familias que pospongan sacarse una muela por el gasto, que se les ocurre otra tontería, pues nada como paga el pueblo.... En fin, "la Leti" al principio me parecía una persona más sencilla, creo que ahora ya se le ha subido la corona a la cabeza.