Don Gregorio Marañón, eminencia médica donde las haya, les decía a sus alumnos que aquel que descubriera una fórmula crecepelo eficaz, se haría millonario. Observando las cabezas masculinas, una se da cuenta de que aunque algunos se hayan forrado a costa de la alopecia ajena, hay calvos a mansalva. Ni las pastillas, que ayudan a prevenir la caída pero no a repoblar el cartoné; ni las lociones a base de complejos de lo más variopinto, tipo la Propecia que fortalece y a lo más que llega es a crear un minibosque de pelillos incipientes que desaparecen en cuanto se deja el tratamiento, han conseguido el milagro. El 50 % de los hombres se queda calvo antes de los 50, del resto, sólo un 10 % llega a la senectud bien de pelo, como le gusta decir a John Queras. La genética, manda mucho. Si ellos se quedan bombilla, a nosotras la Naturaleza nos ha colgado el sambenito de la celulitis.
Absolutamente democrática y popular, este trastorno, que algunos expertos tildan de enfermedad, se instala en siluetas gordas y delgadas sin discriminación.
Si bien es cierto que la prevención y la higiene de vida puede mantenerla a raya y que la aparatología ayuda a combatirla, la única solución realmente eficaz para erradicarla allí donde se establece es pasar por el quirófano. La liposucción, en todas sus variantes, elimina los adipocitos de la zona donde se practica, pero si no se toman medidas, vuelve a resurgir allí donde las células grasas están intactas. Sí, una se quita las cartucheras y allí no habrá más piel de naranja. Sin embargo, los malditos cúmulos grasos pueden renacer en las caderas, el abdomen o los brazos si no se hace nada para evitarlo. Pero me estoy desviando –debe ser mi deje de maestra que me impulsa a dar explicaciones y explicaciones-, yo lo que quería era centrarme en las cremas anticelulíticas, en sus promesas. No creo en ellas. Soy una radical negacionista, experimentada en estas lides.
Creo que he probado todos los anticelulíticos del mercado (es parte de mi trabajo), los de efecto frío, los de efecto calor, los que se acompañan con un aparatito masajeador, los orales en pastillas, sobrecitos o ampollas bebibles. Y lo hago con la esperanza de que alguno me funcione y se produzca el milagro porque pertenezco a ese 98% de mujeres que la padecen, leve e incipiente porque no la he dado tregua en mi vida, pero presente en mis nalgas desde que tengo 17 años. Nunca he conseguido reducir dos tallas de muslamen, nunca he logrado que esos pequeños hoyuelos que acompañan a mi trasero se evaporen como por encanto en 15 días, ni he perdido centímetros tras un mes de uso constante y aplicado. Nunca una crema por sí sola me ha hecho tener ese culo impecable que se muestra en la mayoría de las publicidades de los mejunjes “lipolíticos”, que así los denominan en los foros cosméticos para darles entidad científica. Para ser justa, es verdad que he observado algunos efectos menos espectaculares que las promesas, pero reales. Algunos, como el Body Creator de Shiseido, me han reafirmado y tensado la piel, que el de Sisley me deja una epidermis hidratadita y suave como la de un bebé, que los anticéluliticos bebibles –esos que se disuelven en agua- me han ayudado a deshincharme gracias a su efecto drenante y que cada vez que me da por usarlos tengo que ir con el orinal en el bolso de lo que micciono, que he notado que los de efecto calor me activan la microcirculación y me ponen la zona roja como un tomate –los uso en invierno por aquello del calorcito- y los criogénicos me aportan una sensación de frío perfecta para aliviar los rigores estivales. Todo eso es cierto y también lo es que si al uso diario, durante todo el año, le añades la práctica de un ejercicio aeróbico tres veces a la semana durante una hora, evitas el alcohol,
los azúcares refinados, las bebidas gaseosas o no con cafeína, los hidratos de carbono después de las 16 horas y haces un tratamiento de choque (dos sesiones semanales durante dos meses) combinando tecnologías como la radiofrecuencia, los ultrasonidos, la bioelectricidad y la vacumterapia, es posible conseguir que la celulitis no abandone nunca el estado de incipiente para convertirse en evidente y palpable. ¡Pero hay de aquellas incautas que crean que una loción milagro les va les va a erradicar la celulitis de un plumazo simplemente con aplicarla cada mañana tras la ducha! No, los milagros anticelulíticos pasan por el quirófano, porque ni en los anales de los milagros de la Virgen de Lourdes hay testimonio alguno de que los adipocitos femeninos en rebeldía hayan desaparecido con una simple inmersión en aguas tan benditas.



4 comentarios:
Genial tu comentario Enma y lo suscribo al 100%.
Yo también la sufro en silencio.
Por favor, señores inventores necesitamos algo nos sirva de verdad y no nos tengamos que dejar el suelo en ello.
Amén Enma!
Sres. Científicos del mundo, si han sido ustedes capaces de clonar a una oveja, ¿por qué no pueden acabar con nuestros adipocitos?
Por una experiencia cercana tengo que decir que ni en las liposucciones creo. La grasa de los glúteos y muslos tiene mas facilidad de reproducción que Julio Iglesias.
Lo único que creo que funciona (por mucho que me duela reconocerlo) es: La constancia.
Constancia en una dieta sana, constancia haciendo ejercicio y constancia aplicándote alguna crema que aunque te prometa milagros lo que hará será ayudarte a reafirmar.
Y si os pasa como a mi y la herencia de vuestra madre no ha sido un cortijo sino la celulitis, aprender a vivir con ello es lo mas sano, o por lo menos lo mas económico.
Vaya!!!! Yo que pensaba que tenías la solución...jeejej...A mi me encanta Body Creator pero es un poco caro, me encantaría probar el de Sisley. Ahora estoy con un kit de Dove y está muy bien, la piel se queda muy tensa y suave y la celulitis se ve menos, aunque desaparecer no desaparece, pero bueno, como dices tú, milagros a Lourdes!!
Querida Enma:
Si hay que prescindir del alcohol, de los azúcares, de los refrescos con gas y de los hidratos para no tener celulitis, yo preferiría lucirla con dignidad y ponerme ciego de todo lo anterior.
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