El lunes pasado mi ordenador sufrió un ataque malintencionado en forma de virus que casi me impide cumplir con mi post quincenal. ¿Dije virus? Me estoy quedando muy, muy corto. Era una verdadera pandemia. De hecho, el informático que vino a arreglarlo me aseguró que jamás había visto un troyano de ese porte, que el antivirus que traía no le iba a hacer ni cosquillas y que no estaría de más ir llamando a Íker Jiménez y señora.
“Aquí tenemos un claro ejemplo de manzana podrida”, fue su diagnóstico. Lo primero que hizo fue un exorcismo virtual al grito de “el poder de Steve Jobs te obliga”, pero ni caso. Se fue con rostro preocupado y regresó a las dos horas vestido con un traje de cazafantasmas, pistola de protones incluida. “Troyanos a mí”, dijo entre dientes. En media horita el ordenador funcionaba mejor que recién salido de fábrica y, además, tuvo el detalle de ponerle mi nombre al virus recién descubierto: un johnquerano. Ay, casi se me saltan las lágrimas. Eso sí, durante la contienda entre curandero y monstruo, me di cuenta de que el informático lucía un incipiente cartón, es decir, la coronilla empezaba a clarearle de manera harto preocupante. Fue entonces cuando se me ocurrió intercambiar con él un curso sobre antivirus por otro sobre las tres ces que más nos preocupan a los tíos, capilarmente hablando: caída, caspa y canas. Empecemos con las canas o, como decía el tango, “cuando nieve en tu cabeza”.
Vaya por delante que a mí me encantan. Por eso, cuando me salieron las primeras le dije a mi chica que se fuese preparando, que iba a convertirme en el próximo George Clooney. A fuer de ser sincero, me he quedado en un Pedro Ruiz de andar por casa, pero ni por esas me tiño. Las canas aportan cierto aplomo y dicen “esa pantalla ya la conozco, que tengo mucha calle”. Pero para todos aquellos a los que no les gustan, que no se preocupen porque en el mercado ya existen tintes específicos para hombres que, además, son facilísimos de usar. Y para los que somos procanas, tenemos al alcance un buen número de champús y acondicionadores formulados específicamente para este tipo de cabello. La segunda C es la caspa, ese incómodo vecino del piso de arriba, y que no es territorio exclusivo de la falta de higiene. Está claro que no lavarse el pelo con la frecuencia necesaria es como enviarle una invitación personal: pásate y quédate en al ático todo el tiempo que quieras. Pero incluso con una higiene capilar correcta, ésta puede hacer acto de presencia porque su aparición se debe a una alteración del funcionamiento de las células cutáneas del cuero cabelludo. Que no cunda el pánico. Los actuales champús anticaspa funcionan y no resecan ni agreden el cuero cabelludo. Además, los resultados se ven enseguida y pueden utilizarse a diario. Para terminar, la última y más temida C, la caída. No hay momento más duro en la vida de un hombre que cuando el peine se convierte en su peor enemigo. “Con el pelazo que he tenido yo siempre, ¿cómo me puede estar pasando esto a mí?” Pues sí, querido amigo, el otoño ha llegado y tiene intención de apalancarse en tu cabeza. Lo bueno es que contamos con eficaces armas para luchar contra la caída: parches, ampollas, champús y, si la cosa no tiene solución, microinjertos capilares. Los resultados de los primeros injertos de pelo dejaban mucho que desear y se detectaban a la legua porque creaban el efecto “pelo de muñeca”. Es decir, el injertado se daba un aire a Kent, el novio de Barbie. Pero la cirugía capilar ha avanzado una barbaridad en la última década y, gracias a innovadoras técnicas cada vez menos invasivas, como la F.U.E. (Folicular Unit Extraction), permite lucir pelazo nuevamente. Y si no, que se lo digan al actual presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, que es un ejemplo perfecto de cómo recuperar el lustre capilar perdido. Y, como dice mi compañera de curro Almudena, si una hija de Bono se casase con un hijo de George W. Bush, tendrían un bonobush. John Queras recomienda:
-Champú Silver Charge de Redken For Men: nos gusta porque su fórmula con Steel Lock Technology neutraliza el reflejo amarillo de los cabellos canosos. Además, el aceite de quinoa aporta un extra de brillo. Únicamente tendrás que perfeccionar el What else? porque el resto lo hará el champú. Cuesta 12,85 €.
-Men Advance de Llongueras: la coloración profesional para hombres creada por Llongueras nos gusta porque actúa en cinco minutos y porque es tan fácil de aplicar como un champú. Los resultados son visibles durante cinco semanas. Cuesta 9,95 €.
-Trichology Anti-Hair Loss de American Crew: este completo programa anticaída nos gusta porque contiene extractos de lúpulo y romero, que actúan como inhibidores de la caída prematura, y swertia japónica, que estimula la microcirculación facilitando la oxigenación celular y el aporte de nutrientes al folículo piloso. Cuesta: champú (11,50 €), concentrado en ampollas (40,50 € /12 u) y parches (59,95 € / 60 u).
-Champú Anticaspa H&S For Men: nos gusta porque está formulado con hydrazinc, que combate la caspa y su reaparición, además del picor, la sequedad y la irritación del cuero cabelludo. Un básico en todo plato de ducha que se precie. Cuesta 3,95 €.







9 comentarios:
De las tres C, sin lugar a dudas me con la de las canas: me parecen DIVINAS. La de la Caspa... nada grave, por lo menos, nada que no pueda solucionar un buen tratamiento capilar.
Y respecto a la Calvicie... yo también estaba pensando en Bono; de un tiempo a esta parte le está empezando a salir incluso flequillo, ji, ji, aunque desde luego está mucho mejor que la cortinilla de Anasagasti XD!
Fuera de bromas el mejor pelazo del mundo mundial (masculino, se entiende)es el de Patrick Dempsey, el doctor macizo de Anatomía de Grey, ains (¡suspiros!); dice la leyenda urbana que tiene su flamante cabellera asegurada y no me extrañaría nada, porque es espectacular. Es imposible tener semejante pelo a esa edad: yo creo que se ha realizado algún tipo de microinjertos.
Besos, beautywarrior
¿Asegurarse el pelazo? Yo quiero, es lo más. Besos.
Jajjaaa....súper bueno, me he reído un huevo!!!!
Mi querido Jonh, eres un farsante, tus canas, ke yo aún no he oteado en tu cabecilla loka, se disimulan a la perfección entre tus cabellos dorados naturales. Si, bonitas, Jonh está muy buenorrro de pelo y otras cosas....En cuanto a la alopecia, sinceramente prefiero un calvo declarado tipo Yul Briner ke un tapacartoné al estilo Anasagasti. ¡No hay nada más erótico y placentero que sobetear una cabecita de billar bien llevada! En cuanto a la caspa, a mí, me espeluzna....Canosos y calvos, todavía, casposos NO, Gracias
Hola, Andrea: La risa es el mejor principio activo de la beauty. Besos.
Correcto total. Soy un farsante, pero con canas. Eso sí, estoy de acuerdo contigo en que es mucho más digno raparse a lo Yul que pasear la cortinilla Anasagasti como si nada. Besos
John Queras, eres un C(uentista), C(achondo), C(añon).
Y encima del Atleti!!!
Y yo que creía que nadie era perfecto...
Teresa de mis entretelas, veo que me tienes muy calao. Me gusta tu estilo. Besos
Entre tanto piropo de ida y vuelta....
¿¿Hace falta que añada algo??
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