Ya me gustaría tener a mí ese lunar tan sexy junto a la boca como el que tiene Cindy Crawford. Es obvio que me supera en altura, belleza, fama, sensualidad y dinero, pero yo la gano en una cosa: en la posesión de lunares y pecas, no tan estratégicamente situados, pero tengo una auténtica fortuna distribuida en forma heterogénea y cuantiosa por todo mi cuerpo. Sí, soy un mapa, un auténtico muestrario de manchas, manchitas, nevus y puntos rubís; como dice Eduardo López Bran mi dermatólogo favorito y vigilante abnegado de los daños solares de mi epidermis.
Nací lechona, como buena pelirroja, mi piel original era rosadita y transparente. A pesar de los esfuerzos de mi progenitora de protegerme en la infancia del sol de España, desde los tres años mi rostro y mi cuerpo ya estaban saturados de pequitas –¡hasta en los labios y los párpados me salían!- y mi nariz pelada y sonrosada durante todo el verano hizo que me mis congéneres más jóvenes y crueles me apodaran “porra rosa”; los adultos, más comedidos y sarcásticos, me soltaban siempre la misma gracia: ¡qué ¿has tomado el sol con un colador?! Por intuición, desde chica ya huía de los rayos solares como de la peste, porque en cuanto me descuidaba, ¡zas! quemadura de tercer grado al canto. Me salían hasta ampollas y en mis muslos y hombros se podían freír un par de huevos de lo que me ardía. Jamás me ponía morena.
Una cruz que durante la adolescencia llevé fatal porque mis amigas adquirían un bronceado de envidia mientras mi piel pasaba del rojo tomate al pelado integral y la adquisición de tres mil pecas más para el muestrario. Cuando me especialicé en el periodismo de salud y belleza, los dermatólogos comenzaban a dar la voz de alarma sobre el aumento de los casos de cáncer de piel, empecé a tomar conciencia de que soy a candidata perfecta al melanoma. Estoy clasificada como fototipo II –por debajo sólo están los albinos y los rubios nórdicos de ojos claros-; tengo más de 50 lunares en mi pequeño cuerpo; nunca me bronceo y siempre me quemo y para más INRI vivo en un país en el que el sol brilla por su constante presencia y mi capital solar – es decir el crédito en horas solares que la genética me confirió- era ridículo y se agotó antes de que tuviera uso de razón. Como lo de irme a vivir a Finlandia, con los de mi raza solar, no prospera, he tenido que ir adquiriendo buenos hábitos, a base del machaque y parloteo de mi amigo López Bran. A él le debo la obligación de pasar cada 6 meses por el chequeo exhaustivo de mis tropecientos puntos negros epidérmicos con una maquinita muy sofisticada, denominada epiluminiscencia. Reconozco que es un tostón, pero a la vez un privilegio, ya que el artefacto sólo está disponible en Madrid en el Hospital Clínico San Carlos, de donde mi
dermatólogo es jefe de sección. En enero y junio me pongo en cueros delante de la doctora Lucía Campos, un crack manejando el aparatito y un portento de sabiduría en esto del melanoma, que con paciencia de santa chequea uno a una mis lunares y pecas, los retrata y los compara con la foto que me hizo seis meses antes. Si todo va bien, han permanecido inmutables en forma, color y asimetrías. Si hay variación, a quirófano, a extirpar al sospechoso. Porque el cáncer de piel pillado a tiempo se cura en un 100% de los casos; si arraiga y traspasa el umbral de la hipodermis es prácticamente incurable porque ataca con rapidez y fruición a los órganos vitales más vulnerables: pulmón, hígado, riñón y cerebro.
Y desde aquí, proclamo: lechones del mundo, lagartas y lagartos incondicionales del sol, madres y padres de infantes, calvos, menopáusicas, abuelos y abuelas: el sol puede matar. De hecho en España se lleva por delante a 700 personas al año. Así que este verano mucha protección, SPF 15 como mínimo para las pieles ricas en capital solar y 30/50 para las pobres y maduritas y en repetidas y generosas aplicaciones ; nada de freírse entre las 14 y las 17 horas; alardear de pamelas, gorras, gorrillas, pañuelos sombreros, gafas y cualquier accesorio que cubra la cabeza y los ojos en las jornadas playeras o camperas, que al sol le importa un pito donde brilla y sus rayos no entienden de ubicaciones; y beber y beber – agüita y líquidos sin alcohol que los vapores etílicos no son buenos compañeros de tumbona-. Y, una vez al año, ir al dermatólogo, que no hace daño.





10 comentarios:
Muy buen post!! Tengo una amiga lechona también que le huye como al diablo y con razón!!
Me he quedado impresionada.
Conozco 2 pelirrojos naturales y yo misma soy bastante blanca (de, si me pilla sin protección, quemarse primero y broncearse algo después) pero nunca había visto alguien tan cuajado de lunares...
Es una suerte que tengas acceso a un personal tan bueno y que además te preocupes de ti misma de manera tan consciente... espero que quien lea esto, si es o conoce a alguien de tu fototipo comience a cuidarse igual.
En cuanto a Cindy... pues oye, como decía Mr. Cano ¡"es una verruga!" :D:D:D:D:D
Mis hijos son muy blancos, de cabello oscuro y ojos claros. Mi hijo tiene la cara, los brazos y la espalda llenos de pecas y lunares. Nunca toma el sol y aún así tiene cada vez más. No llega a tener la espalda como la del chico de la imagen, pero tampoco anda muy lejos. Mi hija también tiene muchos lunares, pero no tantos, ella sí toma el sol, siempre con protección entre 30 y 50 por recomendación del dermatólogo, y aún así le salen pecas y manchitas. Siempre estoy tras ella para que no abuse del sol.
Cuando eran más pequeños los llevé al dermatólogo porque me extrañaba que tuvieran tantos lunares, se los examinaron y me dijeron que no debía preocuparme, que si con el tiempo les salía alguno con forma irregular que fueran de nuevo, o si les salía alguno en la planta de los pies, en la palma de las manos o en los genitales.
Muy buen post! Hay que tener mucho cuidado con el sol y como dice Gug lo de Cindy es una verruga!
Arriba el fototipo II!!! Protección de 40 y pieles blanquitas todo el año. Se que no me pondré morena nunca, por lo que intento cultivar un blanco saludable. Mi piel refleja la luz del sol, algo que (gracias al fenómeno Crepúsculo) se pondrá de moda. Y si no, pues seré un blanco perfecto entre la multitud.
Fototipos altos!!! cuidado con el sol, que os acartonáis!!
Acordaos de la vieja de la película "Algo pasa con Mary" y temed...
Yo tengo muchas pecas en la espalda el pecho un poco y en la carita un par de ellas pero no me quemo nunca y si me bronceo no mucho como quisiera pero cojo bastante color
¡Qué miedo me da el sol¡¡¡ Cada vez más, sobre todo tengo mucho cuidado con mis pequeños, hay que cuidarse mucho¡¡¡
que identificada me siento con este post... no soy pelirroja, pero si castaña y llena de lunares hasta arriba... empecé a tener consciencia del peligro que esto acarrea hace unos años y desde entonces soy la plasta nº 1 en mi familia de "daros la crema" "poneros la camiseta" "ves al médico a mirarte esa mancha"...
piensa que a pesar de todo el sufrimiento que pasases de peque por el complejo y por el coñazo que es ahora el estar pendiente, todo eso que nos ganamos en salud :D
Yo también estoy llenita de pecas y lunares, y la visita al dermatólogo una vez al año no me la quita nadie.
como estudiante de medicina, sólo añado: el sol ilumina nuestras vidas cada día, incluido el invierno.
Así que a darle al factor solar en cremas o, si son muy fieles a una que no lo incorpore, buscad un serum o protector ligerito para aplicarlo antes, con factor 20 como mínimo (mayor a las blanquitas).
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