lunes 19 de julio de 2010

Depende, por Enma de Scarada

¡Vacaciones, oe! ¡Vacaciones oe! ¡Vacaciones, oe! ¡Vacaciones, eo, eeeeee! Sí estoy de asueto y libertinaje laboral. Tocándome el bolo, que se dice. Dos semanitas de permiso tecleril, de no pegar ni chapa. Aunque bien mirado, depende. Odio y amo este adverbio de situación, lugar o tiempo, que no lo sé calificar debidamente, pero que desde hace un par de días me lo repiten con insistencia. Estoy en Galicia, donde nada es blanco ni negro ni todo lo contrario, porque todo depende.

No sé si los gallegos tienen un gen “depende”, ese que les caracteriza como pueblo, que les hace ser singulares y que defiende a capa y espada el “no me vas a sacar nada en claro”. Son los maestros de la relatividad. Si Einstein se hubiera dado un paseíto por aquí antes de enunciar su famosa hipótesis, hubiera tenido otro nombre, la “teoría del depende”. Aquí no hay agujeros negros, pero hay espacios vacíos de certeza. Me explico. Le preguntas a un paisano del lugar ¿Qué tiempo hará mañana? Respuesta: “No sé, depende, si hay nubes, igual llueve, si sale el sol, hará calor”. Pues claro, eso ya lo sé yo, si lo que pretendo es informarme, empaparme de su sabiduría lugareña. Pues no hay manera, oye. Debe ser un secreto de estado. Así que me he venido con el paraguas, el bikini, las chanclas y el chubasqueiro y “depende” de cómo venga la nube o le de a Lorenzo por salir o no, me pertrecho de veranito lluvioso del norte o estío típicamente español, o sea, calentito.



He de aclarar que estoy en la Galicia del Norte, en las  profundidades de las rías altas, mucho más silvestres que las famosas baixas. Aquí el pulpo Paul no hubiera podido ejercer sus dotes adivinatorias, se lo hubieran comido antes de que sus tentáculos alcanzaran la urna con la banderita y el mejillón de una u otra nación ¿Quién ganará? “Depende, pero no necesitamos un encefalópodo” que lo vaticine”. Aquí nada es lo que parece y lo que es no lo es y si lo es “depende” de quien lo mire para ser o no ser. Me fascina esa capacidad que tienen para evadir las respuestas directas. Son maestros en hablar mucho y no decir nada en concreto y cuando lo dicen te quedas igual porque te han dado tantas vueltas que en vez de aclararte algo, te marean. ¿Un ejemplo? los pimientiños de Padrón, que unos pican y otros non. “Tú prueba, que todo depende”. Y como no sé a qué atenerme, he decidido sucumbir enteramente a la idiosincrasia galleguil en aquello de mi toilette veraniega.


Me levanto por las mañanas, me ducho y me asomo al pedazo de terraza con unas vistas fastuosas a la ría de Viveiro, miro a la izquierda, luego a la derecha. A un lado nubes, al otro cielo azul. Y como no sé quién ganará, - y los que saben no están por la labor de pringarse con un vaticinio- me embadurno de crema solar SPF 30, que ya sabéis que soy lechona y mi piel lo solicita sin galicismos, con autoridad. Después, me pongo el bikini y me hago la bolsa de playa. Todo un baúl como el de la Piquer pues meto: una loción de alta protección, un sombrero, una chaquetita –que aquí cuando sopla el viento en la playa no hay quien aguante ni haciendo chiriguiting-, un par de deportivas, unos calcetines de algodón, el chubasqueiro por si llueve, la sombrilla por si hace sol, la toalla, la muda de lencería, un pantalón largo, otro corto, un poco de Betadine porque en la orilla cuando hay marea baja habitan “los escarapotes” - unos peces hijos de puta que se entierran en la arena y dejan a la intemperie sus espinas dorsales repletitas de veneno a la caza y captura de plantas podales de veraneantes ilusos que pretenden saborear un paseíto por la playa cuando el mar está bravío o el agua a temperaturas glaciales y cuya picadura, mata de dolor, sin ningún depende de por medio-. Se me olvidaba, también incluyo mis puritos aromáticos, el móvil, el libro de turno, el periódico –que casi nunca puedo leer porque el aire sin depender de nada me lo impide-. Y así me paso la mañana, el medio día y la primera hora de la tarde, hora en la que me instalo en el chiringuito, en compañía de mis amiguitos, nos fundimos una botellita de Martín Codax bien frío y saboreamos las abundantes tapitas de aperitivo que nos sirven, ya no de preludio de la comida, sino casi de almuerzo. Luego, de vuelta al hogar, a seguir degustando la ternera gallega o el pollo de corral, con su lechuguita de huerta que sabe a lechuga y su tomatito de mala apariencia pero sabor exquisito, inaudito en los madriles, adquirido a la paisana en la plaza del pueblo. Por la tarde, tras la siesta, un paseíto por el Viveiro histórico, no muy largo que ya lo conocemos todos, y hay que ir cuanto antes a recalar a la Vinoteca del lugar, donde el buen vino –de mil lugares- abunda y los pinchitos, también. Si estás una horita puedes llegar a degustar hasta ocho platitos diferentes recién hechos. Y después, a casita, a cenar.

Así, que sin depende de por medio, tras mis quince días en estas tierras termino por pesar dos o tres kilos de más.  Pero este año, he metido en la maleta mi bebedizo drenante 360º de Triestop y mis pastillas devoragrasas de chitosan. Ya os contaré si me funcionan.

8 comentarios:

¡¡Viva el libertinaje laboral (me encantó la expresión jajaja), viva el "depende" y vivan los gallegos, que saben comer, beber y vivir! (por algo llevo sangre gallegas en mis venas, carayo!, aunque sea de Cádiz!)
Besos y atracones de pulpo a feira!!

Hahahaha, que gracia me ha hecho...


La verdad es que si, los gallegos somos mucho del depende, y tenemos una vida un poco más "tranquila" que otros habitantes de la península.

A lo de los escarapotes (tb llamados fanecas, dependiendo de la zona :P)... he tenido la suerte de no ser picada aún, ya que en playas con muchos, suelo ir con fanequeras (las sandalias estas transparentes horribles).


Espero que disfrutes mucho en Gz! ^^

¡¡¡La felicidad es belleza!!!

Frase mítica de la madre de una amiga mía a su marido, que amorosamente la lleva todos los agostos a las playas del norte:
"Cariño, a ver cuándo me traes en verano" xD xD

Otra gallega que espera que disfrutes de tu estancia aquí!Yo también me he librado, por ahora, de las picaduras de las fanecas.
Besos.

Muy divertida tu entrada :P
Yo vivo en Vigo casi toda mi vida, nací en Sabadell (Barcelona) y si que comen bien aquí jejeje.
Yo apenas fui a la playa 3 días, entre el tiempo raro y que tuve otras cosas que hacer... espero que pronto venga mejor tiempo y pueda volver a ir.

Un besazo!

Genial la entrada. Con las ganas que tengo yo de ir a Galicia, que llevo un montón de años retrasándolo. Disfruta de las vacaciones y de las tapitas y los vinos, que son de las mejores cosas del verano!!!