lunes 23 de agosto de 2010

Licencia para tirar, por ENMA DE SCARADA

Como cualquier ser humano consciente de mis limitaciones, yo tengo mis propios héroes de leyenda. Desde niña –por no decir pequeña, cosa que sigo siendo- soñaba con manejar la espada como Athos, el guapo y finolis Mosquetero del rey creado por Alejandro Dumas; el arco y las flechas a lo Robin Hood, debe ser porque su nombre significa pelirrojo encapuchado y por aquello de que robaba a los ricos para dárselo a los pobres y poner la bala donde apuntara mi ojo con el impecable estilo de James Bond, el rebelde e irresistible Agente 007 cuyas aventuras me sé de memoria.



Como lo de los duelos a espada en defensa del honor, robar a quien sea o ir pegando tiros por el mundo no está bien visto por la Ley, no me ha quedado más remedio que emular a mis héroes practicando sus habilidades como buenamente puedo. Mi historia con la esgrima y el florete es una relación de amor apasionado que me sirve para mantener firmes mis músculos y mis grasas bajo control; lo del arco y las flechas es uno de esos propósitos que pienso alcanzar en la temporada que entra y lo del tiro mi última experiencia veraniega.
A lo más que había yo llegado en lo de disparar era a darle a latas, botellas y dianas con mi carabina de aire comprimido. Siempre se me dio bien lo de apuntar y son muchos los trofeos inservibles que tengo fruto de mi afición al tiro al blanco de las ferias y fiestas de los pueblos. De armas no entiendo más. Partiendo de la base de que la sangre me marea y sería incapaz de matar a cualquier bicho por diversión, lo de practicar el Tiro Olímpico me ha supuesto una emoción casi inaudita. A priori, se trata de un deporte que parece que no es deporte porque lo que se dice los músculos no los mueves demasiado y que sea considerado disciplina olímpica en principio no me cuadraba.
Hasta que gracias a José Ignacio Fernández Dopico, paisano de Viveiro y miembro del Club de Tiro Costa Lucense, he tenido la posibilidad de apuntar a un objetivo situado a 25 metros pistola en mano y con balas de verdad. Metidita en un cubículo de una galería de tiro como las de las pelis, me di cuenta de que lo de disparar requiere muchas cosas, además de puntería. En primer lugar, tener unos buenos bíceps, porque el arma pesa un quintal y mantenerla a pulso durante el tiempo que tardas en apuntar es un esfuerzo que al día siguiente me había producido agujetas reales y contundentes. Además de fuerza en los brazos, hay que tener un pulso importante, cosa que se logra dominando el sentido del equilibrio con maestría y mantener la cabeza fría y los nervios templados como el mejor de los agentes secretos. Lo que al principio parece fácil, es sencillamente endiablado. Tienes un cargador con cinco tiros, y para que a uno le den la Licencia de armas y poder practicar en un club, hay que hacer un examen –delante de un miembro de la Benemérita nada menos- y conseguir como mínimo un tanteo de 50 puntos. En cuanto cogí la pistola me di cuenta de que los 25 metros que mediaban entre mi punto de mira y la diana se habían multiplicado por diez. Entre el respirar, mantener el pulso con mi bíceps, el equilibrio con las piernas, apuntar con el ojo bueno y disparar, en mi primera tanda solo conseguí mellar levemente el blanco por un lado y meter una bala en el círculo del 2. Un desastre, vamos.

Pero la experiencia de Conchi Gil Azulas y Joseví Sánchez Serrano, que andan detrás de sacar la licencia en breve, me consoló. En esto, como en todo, hay que practicar para mejorar; ellos llevan pocas semanas tirando y Joseví ya consigue más de 80 puntos y Conchi roza los 60 casi siempre. Como soy cabezota y pertinaz, probé de nuevo, esta vez con un revólver, que es mucho más ligerito, y hice 17 puntos. Todo un logro. Al insistir por tercera vez, de nuevo con la pistola, ya alcancé los 23 puntos. Bien, aprobar no apruebo. De momento, pero me he dado cuenta que esto de disparar me supone toda una descarga de adrenalina y malos rollos comparable a la que me proporciona mi florete. Quizá afine más mi puntería colocando en vez de una diana convencional la imagen de alguna de esas personas que me estresan. Pensarlo, si en vez de criticar al jefe, a la amiga que nos roba el novio o al arribista que te birla un trabajo pusierais su foto a 25 metros y le pegarais cinco tiros, la energía que no despilfarraríais en la crítica la podríais emplear en alguna otra acción que os supusiera un deleite emocional, físico y mental. Sí, he decidido que voy a ampliar mi lista de propósitos añadiendo un “sacarme la licencia para tirar”, que seguro que camino más tranquila por la vida.

8 comentarios:

buf!!!! que desestresante!!!! me encantaria pegar tiros yo tambien!!!XDD

Pegar tiros... qué gran terapia!!! Yo quiero probar lo de destrozar cosas con un bate para descargar tensiones, que me vendría muy bien.
Por cierto, en las fotos asustas!!

Oye, pues yo me apuntaría sin dudarlo. Una forma pacífica de deshacerse de la mala baba y además, tonificar los brazos! Y bueno, fantasear un poco con ser agentes de la ley tampoco viene mal, no?
Besos

Uau!!Eso en septiembre va a venirme genial ajajja BEsos!!

mmm yo no se si preferiria pegarle a un saco porque esto de las armas me da un mal rollito, desde que murio un amigo aprendiendo a tirar...

Que bueno para liberar tensiones, a mi si que me haría falta algo así jajajaja :P

Un beso.

Oiga, es leer "criticar al jefe" (o jefa) en un post titulado "Licencia para matar" en el que comentas que has pegado tiros reales.... y recorrerme ipso facto un escalofrío por el cuerpo que me rio yo de los cuarentaytantos grados del secarral madrileño...

Ay omá, espero que no pensaras en mi para inspirarte y dar en la diana...