Ésa es la condena hasta que volvamos a ver el sol. Las vacaciones se han terminado y ya ha empezado la cuenta atrás para las próximas. Tendremos que ir tachando los días en nuestras agendas de curro al igual que un preso dibuja palitroques en la pared para no volverse loco. El primer día de oficina es devastador: no sabes dónde has puesto las llaves del portal, ni por asomo recuerdas la clave para desconectar la alarma que, por supuesto, se dispara en un concierto frenético de pitidos y luces rojas, enfilas el pasillo como un dead man walking contando los pasos hasta el cadalso y te sientas en tu silla, comprobando antes con la punta de los dedos que no sea eléctrica.
Se acabaron los días en los que las siete de la mañana pertenecen todavía a la noche. Sí, no me leáis así, que vengo con síndrome posvacacional. Es que es casi imposible olvidarse de la playita, los tintos de verano con blanca, el choco, la pijota, la acedía, el aliño papas, los calamares de campo… Además, unos puñados de arena de playa se han escondido en los lugares más insospechados de mi maleta y han regresado conmigo a la ciudad, como souvenires de días más felices. Y cuando menos te lo esperas, sin previo aviso, te recuerdan que hasta hace poco no tenías que madrugar. Así, abres el libro que te llevaste a la playa y unos granitos de arena resbalan por sus páginas, como lágrimas doradas, o metes la mano en ese bolsillo, que no utilizas nunca, de la bandolera y te da la bienvenida un montoncito de arena, concha incluida. Intentas prolongar el verano a cualquier precio, pero es imposible: vas a las piscinas de los colegas, en las que por cierto, nunca corre el aire, programas una escapada de fin de semana que nunca llegas a hacer y sigues trasnochando como si no existiesen los horarios, pero el despertador te devuelve cada mañana a una realidad sin bañadores ni chiringuitos. Y, cómo no, empiezas a mudar la piel como Diana (pronunciada Daiana), la mala de V.
Pelarse es quitarse el abrigo del verano. Es el adiós definitivo a las vacaciones. Y eso que has tenido cuidado y has seguido los consejos de dermatólogos, blogueros y periodistas de belleza. Has oído en algún lado eso de que la piel tiene memoria. Cojonudo. Yo no me acuerdo de lo que cené anoche y mi piel no se olvida de que cuando tenía cinco años tomé el sol sin protección. Y lo peor de todo no es esto. Estos días de jornada intensiva están repletos de buenos propósitos. El “este año voy a ir a todas las clases y a pasar a limpio los apuntes” se convierte, cuando estás frisando los 40, en “este verano he cogido unos kilos (en el caso de Paris Hilton han sido solamente unos gramos) y me voy a apuntar al gimnasio”. Aunque la intención es buena, conozco maneras mejores e infinitamente más divertidas de tirar el dinero. Vaya por delante que no soy carne de gym. Si fuera un gym-tonic de Beefeater, la cosa cambia. De hecho, hace unos años pasé por delante de la puerta de uno y tuve agujetas durante tres días. Pero a todos los valientes que este año den el paso, les mando toda la fuerza de voluntad que a mí me falta. En cambio, toda la constancia de la que carezco para levantar mancuernas, subirme a la bici estática o hacer series de flexiones, la tengo para volver a ponerme beauty-a-punto.
Y es que durante estas tres semanas de asueto tanto mi pelazo como mi piel han tenido en mí mismo a su peor enemigo. Por fortuna, la cosmética viene al rescate. Para el pelo, utilizo mascarillas y acondicionadores que aporten hidratación a saco porque lo tengo más seco que la mojama. Tampoco está de más que el producto contenga agentes limpiadores porque la sal y el cloro se agarran cual garrapatas. Es aconsejable que durante unos días no uséis secadores ni otros aparatos que resequen todavía más el cabello. Para la piel, tanto del careto como del cuerpo, lo primero es una buena exfoliación. Aunque con ella se os vaya un poco el moreno, es indispensable para luego poder hidratar correctamente.
Para dar por finiquitadas las vacaciones como manda la tradición, ya sólo me falta elegir qué coleccionable por fascículos voy a dejar incompleto este año: Abanicos de grandes diseñadores o el Ajedrez de Star Wars. Jaque mate.
John Queras recomienda:
-Calming Conditioner Tea Tree de American Crew: nos gusta porque es un acondicionador de uso diario que ayudará a que tu pelazo esté igual, o mejor, que antes de las vacaciones. ¿Cómo? Gracias al aceite de árbol de té con propiedades antisépticas, cicatrizantes y limpiadoras. A la venta en los mejores salones de peluquería. Cuesta 14,20 €.
-Sérum Revitalisant de Skeen: nos gusta este sérum facial porque contiene vitamina C pura, que mejora la oxigenación; ácidos alfahidroxiácidos o AHA’s (quedaos con este concepto), que estimulan la regeneración celular y exfolian suavemente; ácido hialurónico súper hidratante y aloe vera, con propiedades calmantes. Si haces una cura intensiva de tres semanas, por la calle te confundirán con tu hermano pequeño. De venta en Sephora. Cuesta: 81,60 €.
-Baume Lèvres Monsieur de Jean Paul Gaultier: nos gusta este bálsamo labial porque es nutrición en estado puro. Además, su fórmula está enriquecida con polímeros hidratantes y protectores que defienden los labios de las agresiones climáticas. Hazte con uno: ¡no puedes seguir robándole el cacao a tu chica! Cuesta 18 €.
-Aquapower Body de Biotherm Homme: nos gusta esta hidratante corporal por su concentrado oligomineral que calma y nutre la piel en el acto. Aplícatela después de la ducha y de secarte con la toalla. Vas a alucinar. Cuesta 30,50 €.








1 comentarios:
Le voy a pasar el enlace de esta entrada a mi chico, que el pobre vuelve al trabajo hoy después de las vacaciones.
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