lunes, 6 de septiembre de 2010

¡INMERSIÓN, INMERSIÓN!, por Enma De Scarada

El regreso ha sido duro. Y mira que le he puesto empeño emocional en aterrizar suavito y con el viento a favor. Así que tras dos días en la cámara de descompresión emocional, intentando encontrar de nuevo mis papeles perdidos sin resultado, decidí pasar a la acción drástica, darle un empujoncito al espíritu a través de cultivar el bienestar del cuerpo, que ya sabe “en casa del herrero, cuchara de palo”. Como sé que una buenas manos hacen milagros, no he dudado en ponerme en las mejores, las de las chicas de Carmen Navarro (Tel. 915 948 342)

En su centro me planté para realizarme un masaje muy especial, “Inmersión Soleil”, le llaman. Un tratamiento autobronceador avalado por Kéraskin que me ha hecho recuperar el color doradito de forma tan natural que aún me parece que el aire huele a mar, aunque esté en mitad de la urbe dándole a la tecla. Todo empieza con un peeling, que además de llevarse por delante las células muertas que ya estorban en la superficie de la piel, te lo aplican con movimientos envolventes y de lo más placentero, de la cabeza a los pies….y por supuesto en la espalda. Con mi epidermis suave como la seda y tras darme una ducha calentita –a mí el agua me gusta calda, pero esto va en gustos y las valientes pueden elegir el frío y no el calor, que el resultado es aún mejor-, las manos de Adriana comenzaron a aplicarme un autobronceador cuyo color se adapta como un guante al tono natural de la piel. Mira que son difíciles los autobronceadores: cuando no te dejan ronchas naranjas, sobre todo en las rodillas y los codos, se nota a la legua que vas teñida de bote o las fronteras de donde a llegado el producto y dónde no son tan evidentes que sólo le falta poner un cartelito de “aduana”. Y la cosa empeora notablemente cuando te los aplicas tú misma, porque la homogeneidad en el reparto es tan ilusoria como creer que las vacaciones no se van a terminar. Sin duda, lo suyo es que te lo aplique otro y que te lo haga como me lo hizo a mí Adriana, con profesionalidad y tacto. Otro de los defectos del DHA, que así se llama el principio activo que tiñe la piel, es que tiende a resecarla; te aporta color, sí, pero tienes la sensación de llevar encima una especie de capilla de polvo que incomoda más que confortar. Con el autobronceador de Kéraskin, no pasa, te queda la piel flexible, hidratadita y fresca.
Un logro de su fórmula. Eso sí, los milagros no existen, así que tras la aplicación hay que estar unos minutos tumbada en la camilla, en plan momia, para que el producto penetre y los roces no se lleven por delante el color en ninguna zona. Yo aproveché para echarme un sueñecito reparador. Como soy ya veterana en estos lares, me vestí con parsimonia y cuidadín del diez. Un consejo, cuando una va a recibir un masaje autobronceador, lo mejor es renunciar a las prendas ajustadas: ni vaqueros, ni zapatos muy cerrados, ni medias. Lo suyo es un vestidito suelto y unas chanclas sin demasiadas ataduras. Cuando salí a la calle, ya había recuperado mi tono doradito que había expirado en un santiamén nada más pisar Madrid. Cierto es que mi moreno de bote no me ha teletransportado de nuevo a la orillita del mar, pero sí ha contribuido a sentirme más guapa. Y ya se sabe la dosis de autoestima que insufla sentirse mona, y que la autoestima es básica para tirar pa’lante y afrontar el futuro con mejor humor. Vamos, que por 80 euros, pienso reforzar mi autoestima estética las veces que haga falta a lo largo del próximo otoño.

2 comentarios:

y que bien sientan esos mimos de vez en cuando que nos autoregalamos, verdad??, a falta de otra cosa...jeje

La verdad es que la gama de Keraskin tengo unas ganas de probarla tremendas, porque es una pasada...

Besitos,

Laura