La semana pasada cogí un AVE para ir a Barcelona, donde inauguraban la primera boutique en España de la firma de relojes Gc. Alguien tiene que hacer el trabajo duro, lo sé. Me encanta el AVE: sin agobios, sin controles de seguridad de los que tienes que quedarte en pelotas, sin “ven dos horas antes”, sin perder el tiempo, vaya. Además, la estación de Atocha queda al lado de mi casa y puedo ir dando un paseo (John Queras 1 - Taxis de cuarenta leurazos al aeropuerto 0). A las ocho en punto se cierran las puertas y ponemos rumbo sin escalas a la Ciudad Condal.























