Sé que 2011 no ha sido un año fácil para ti y los tuyos. Sé que has tenido que despedir a más de la mitad de tus duendes y que los que se han quedado en el taller están en condiciones precarias. Muchos son autónomos, por lo que cobran tarde y mal y, claro, eso influye en su rendimiento, y el ambiente festivo que siempre se había respirado en tu fábrica de regalos no es más que un fantasma de las navidades pasadas. Sé que la mayoría está con contratos basura, que te has visto obligado a emplear a médicos, psicólogos y periodistas recién licenciados que buscaban con ilusión su primer trabajo y que han acabado envolviendo paquetes y decorándolos con un lacito rojo. Sé que cobran como becarios pero con responsabilidades de directores ejecutivos. Me han comentado que varios de tus mejores aprendices han desertado de la Navidad y han sido vistos vendiendo bolsas de hielo en raves de música techno. La culpa no es tuya, querido Santa, es de la crisis y sus malditos recortes.
Sé que muchas cartas no te han llegado porque los de Iberia están otra vez de huelga. Eso significa que hay aviones con las bodegas repletas de sacas que contienen los deseos de los niños que se han portado bien y que nunca te llegarán. Muchas gracias Alianza One World. También sé que te has retrasado en el pago de la banda ancha lapona, que en cualquier caso es menos ancha de lo que prometen, así que se te ha colapsado el servidor y lo tienes petado de e-mails con peticiones que nunca podrás leer.
Sé que tu preciosa cabaña de madera es ahora un coro donde las humedades y las goteras cantan villancicos hasta altas horas de la madrugada, y que no has podido arreglarla por falta de presupuesto. Sé que la subida del recibo de la luz ha reducido tu decoración navideña a un linterna de pilas alcalinas que enciendes tres veces al día.
También sé que tu saco mágico es hoy un patchwork de retales que la señora Claus ha remendado con destreza de cirujano plástico, aprovechando algunas telas viejas, un vestido print animal de cuando era joven y un hule con motivos navideños.
Sé que cuatro de tus renos (Cometa, Cupido, Trueno y Relámpago) han huido con nocturnidad y alevosía para unirse a un circo ambulante donde, por lo menos, tienen aseguradas tres comidas diarias y las risas de los niños. Rodolfo, tu fiel Rodolfo, sigue a tu lado, pero este año su roja nariz se ilumina a base de coñac del barato con el que aguanta como buenamente puede las temperaturas bajo cero y recuerda entre lágrimas heladas cuando era una estrella que alumbraba el cielo y todos le seguían. Sé que estás jodido porque pensabas jubilarte en breve y ahora tienes que esperar un par de años más. Reconozcámoslo, mi buen Santa, ya no tienes edad para estar toda una noche sin dormir, ni silueta para entrar por el tiro de las chimeneas, ni recetas para comprar antihistamínicos y paliar así tu alergia estacional a las coníferas. Ironías de la vida, amigo. Sé que tu santa, Santa, anda muy preocupada porque este año el trineo no ha pasado la ITV y no hay dinero para comprar uno nuevo, así que cada vez que lo conduces te estás jugando la vida y ella, abnegada como es, sufre quedamente sin ponerte siquiera una mala cara. ¡Y no hablemos de que no has podido hacer frente a los últimos recibos del seguro a todo riesgo! Sé que tus brillantes botas negras han perdido el lustre y están llenas de agujeros por los que se te cuela una suerte de aguanieve que te hiela los juanetes y el alma. ¿Y qué le ha pasado a tu imponente traje rojo vivo? Que se ha vuelto de un tono salmón desvaído por culpa de tantas nochebuenas acumuladas en sus costuras.
Pero no todo son malas noticias, querido Santa. Piensa en lo positivo. Este año te vas a ahorrar el regalo de Urdangarín, el de Camps, el de todos los controladores aéreos, el de Pepiño Blanco y el de su primo, el de Strauss-Kahn y el de Gregorio Manzano, entre otros muchos. Y con la que está cayendo, el carbón deja de ser el peor regalo de Navidad y se convierte en un bien de primera necesidad. Además, cuando poses tu maltrecho trineo sobre los tejados del madrileño barrio de la Arganzuela y vengas a visitarnos, en lugar de dejar nada bajo el árbol, llévate los beautyregalos que mi señora y yo hemos comprado para ti con todo nuestro amor.
P.D.: Por cierto, el turrón, los polvorones y la sidra nos los hemos agenciado nosotros. Este año no hay resopón que valga.
John Queras ha dejado para Santa:
- Tous Man Sport: set navideño que incluye el eau de toilette de 100 ml, una réplica en miniatura (perfecta para llevar en el trineo) y un gel de ducha. Cuesta 60 €.
-L.12.12 Vert de Lacoste: el cocodrilo más dicharachero del mundo de la beauty, por eso siempre va con las fauces abiertas, ofrece un kit donde encontrarás 100 ml de su esencia más casual, un gel de ducha y un neceser a juego. Cuesta 62 €.
-Quasar Hexa Coffret de Jesús del Pozo: inspirado en la forma de un copo de nieve, contiene la fragancia de 125 ml, una loción para después del afeitado y un gel de ducha. Cuesta 59 €.
-RV Pure de Roberto Verino: el cofre con la última propuesta olfativa del diseñador orensano oculta un verdadero tesoro: el vaporizador de 150 ml, un bálsamo after shave y un gel de ducha. Cuesta 49 €.








2 comentarios:
Acostumbrados a la ñoñería navideña habitual, esta entrada aunque muy agridulce, a mi por lo menos, me ha llegado muy hondo. Touché.
Yo tambien le voy a escribir una carta a papa noel
persianas
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