Guillermo y Kate, Madrid-Barça, Justin Bieber. Da igual a qué tipo de evento se enfrente (social, deportivo o musical), a la peña lo que de verdad le pone es hacer cola. Hay ingleses que llevan más de tres días durmiendo a la intemperie, en la acera de la abadía de Westminster, para ser testigos de excepción del bodorrio entre el príncipe de Gales y su prometida. Lo mismo ocurre por estos lares, no nos vayamos a creer, pero en su versión más sport, con los hinchas merengues y culés acampando en las proximidades de las taquillas de los campos de fútbol para conseguir una entrada y poder asistir a cualquiera de los partidos del siglo que se suceden, sin solución de continuidad, en estas últimas semanas. ¿Y qué me decís de esos pobres progenitores que se ven en la obligación moral de acompañar a sus hijos adolescentes y hacer noche a la puerta del estadio para que éstos puedan desmayarse en cuanto suenen los primeros acordes del hit de turno del londinense? Pero, ¿qué es lo que está pasando? ¿Es que esta gente no tiene cosas más importantes que hacer con sus vidas? ¿No les pasa nada por estar dos o tres días sin ir al tajo, al tuto o a la uni?
El ser humano no deja de sorprenderme. Parece que perder nuestro valioso tiempo en las interminables colas del INEM o en el súper no es suficiente. Por cierto, soy un verdadero experto en ponerme siempre en la fila de los tontos del Ahorramás. No importa cuál elija porque espero pacientemente y con una asiduidad que desafía las leyes de la estadística a la sustitución del rollo de papel de la caja registradora y nadie puede salvarme del pequeño atasco provocado por una cajera que se queda sin monedas de 10 céntimos. Llamada por micro, voz distorsionada y el de atrás, que lleva un carrito repletito de litronas, que suelta “qué mala suerte, ¿no serás del Atleti?”. Como ya me conozco el percal, me llevo los apuntes y aprovecho estos ratitos para sacarme la carrera de Derecho a distancia. He pasado tanto tiempo haciendo cola que ya me he leído las obras completas y en formato bolsillo de Cela, Umbral y Mendoza y estoy empezando un curso de francés por correspondencia. Me tengo reservada la diplomatura en escaparatismo y la de técnico superior en punto de cruz para cuando me toque renovar el carné de conducir, test psicológico incluido.
Así que, por mucho que lo intente, no consigo entender a esos miles de abnegados que, por una razón u otra, deciden despilfarrar sus vidas en fila de a uno. Frío, sol, viento, a veces lluvia, falta de sueño... Todo esto y mucho más es lo que la piel tiene que soportar durante días para poder disfrutar de un par de horas de espectáculo. ¿Es que estos profesionales de hacer cola no han escuchado eso de que el tiempo es oro? ¿Qué quieren hacer con su oro, malgastarlo en un saco de dormir, pasando penurias al raso, interactuando con desconocidos con los que comparten idéntica pasión? Si estos individuos ven a una persona parada en medio de la calle, directamente y sin preguntar, se ponen detrás. Les encanta.
Coladictos y filainómanos del mundo, merecéis algo más que ser un número asignado en estricto orden de llegada en unas listas que nadie respeta. Pero lo que no podéis hacer es convertir la piel en la víctima indirecta de vuestras ansias de vivir entre sillas de tijera, mantas robadas de alguna aerolínea, termos, tupperwares y barajas de cartas en las que siempre falta el siete de oros. Incluid en vuestros kits de supervivencia una buena hidratante, un protector solar y una fragancia de tamaño viaje. Bueno, os dejo, que me voy a hacer cola para renovar el pasaporte. Bienvenue dans le merveilleux monde de la langue française...
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