“Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad, dame la bota María que me voy a emborrachar…” Siempre me he preguntado si era San José, al que los ratones le roían los calzones, el que le decía a la Virgen, María, que le pasara el vinillo para celebrar el nacimiento del pequeño de la casa y resarcirse así del viaje a pata por media Judea que había tenido que emprender para inscribirse como familia en el registro de Belén por mandato de los romanos. Yo creo que al pobre carpintero, lo único que le apetecía después de tanto trajín era echarse un sueñecito reparador y que lo de la bota y el emborracharse es algo añadido a posteriori por los españoles, una excusa para bebamos por una buena causa: en honor y gloria de un recién nacido que no venía con un pan debajo del brazo, sino con toda una boutique de augurios de salvación y buen rollo. Quizás por eso, en Nochebuena bebemos y bebemos y volvemos a beber como los peces en el río. Y comemos como si fuera la última cena, y volvemos a comer y beber en Navidad. Y luego pasa lo que pasa: que la abuela le sube la tensión, que a mamá le duele la cabeza, que el cuñado no deja la pandereta ni para dormir y sigue cantando y pidiendo la bota y no hay manera de que se vaya, que a la hermana mayor le da llorona porque no soporta al cuñado cantarín ni en Navidad ni el resto de los 364 días del año, que el novio de la hija se piensa dos veces lo de seguir en la familia. Quizás por eso, la Navidad es cosa de niños, que sólo beben agua y refrescos y llegan al 26 con algún regalito de Papa Noel, chucherías varias y ganas de que los mayores les saquen a donde sea porque están de vacaciones. Ellos tan frescos y nosotros resacosos.
¿Cómo superar estos días de tsunami navideño sin renunciar a la bota ni a las viandas? Pues actuando con mesura y cabeza. Primero, solo beber bueno, que ya sabemos que el tintorro de baja calidad es cabezón y no te quiero contar si se trata de licores, bebidas espiritosas o acompañamientos de combinados. Segundo, no mezclar, que las mezclas son nefastas: que si blanco, que si tinto, que si cava, que si copita… No, hay que decidirse por uno, a lo sumo dos vapores etílicos, y no dejarse llevar por el entusiasmo y convertir el aparato digestivo en una especie de destilería provisional. Tercero, moderarse con el cordero, el pavo, la lombarda, los langostinos, turrones, mazapanes, polvorones y todas esas delicias culinarias que se multiplican de manera milagrosa sobre la mesa y que siempre hay alguien que se encarga de reponer y reponer; que no se acaban en una noche, y que se pueden congelar para ir tirando de las sobras los días posteriores y así no tener que cocinar y poder sacar a los niños de cuchipanda. Cuarto, si la carne es débil y hemos sucumbido a la tentación, lo mejor es tomar medidas previas y también postreras. Previas, no comer a mediodía más que una ensaladita a base de verduras antioxidantes acompañadas de una buena jarra de agua y un té rojo o verde como postre; ir a la farmacia, que están abiertas hasta las 14h del 24, y hacer acopio de Alka Setlzer, Resalim, paracetamoles e ibuprofenos; cenar prontito, a la europea, no a las 11 de la noche que si no se nos junta la cena con la comida y el estómago se bloquea y encima dormimos fatal (que de grandes cenas están las sepulturas llenas); cantar villancicos con moderación para no perder la voz y dándole al pandero o la botella de anís (vacía) con energía para hacer ejercicio y porque el que canta sus males espanta y mientras tanto ni come ni bebe.
Entre las medidas postreras. Fundamental, antes de dormir, tomar un Alka Setlzer o una sal de frutas, que aliviará los excesos gastronómicos y apacigua las consecuencias de los vapores etílicos. Al despertarse, y en ayunas, tomar un vaso de zumo limón mezclado a partes iguales con agua calentita, si es preciso apoyado por un analgésico, porque es un excelente tónico que nos ayudará a ir al baño a descargar y, descargar es imprescindible para deshacerse de las toxinas sobrantes y para volver a llenar. Si hay un pelín de resaca, nada mejor que tomarse una cerveza. Sí porque la cerveza hidrata, refresca y le proporciona al organismo ese puntito de alcohol que le ayuda a superar el síndrome de abstinencia alcohólica que conocemos como resaca. La coca-cola batida (para quitarle las burbujas) y con un chorrito de limón es otra buena fórmula para afrontar la pesadez de cabeza y digestiva. ¿Y qué hacemos en la tarde de Navidad? Está claro, si hay niños, llevarlos al cine, a ver una peli familiar (también se puede organizar la sesión cinematográfica en casa), que ellos disfrutan y los mayores también: durmiendo unos 90 minutos una siesta reparadora… En cualquier caso, no voy a caer en aquello de decir que odio la Navidad, que todo es una hipocresía, porque a mí me gusta, la disfruto, aunque la sufra, y si no existiera habría que inventarla. Simplemente para que al menos un día al año tengamos un corazón un poco más tierno y conmiserativo y nos abracemos y achuchemos, que es una buena terapia para el cuerpo, la mente y el espíritu. Por eso solo me queda deseaos una FELIZ NAVIDAD, de corazón.







Feliz Navidad para ti también!!
ResponderEliminarFeliz navidad para ti también! me quedo por aquí a seguir leyendo artículos interesantes :)
ResponderEliminarEres GENIAL!!! Feliz Navidad!!!!
ResponderEliminarFeliz Navidad! Te veo en estas páginas también en 2013, Ok?
ResponderEliminarUn besazo
Feliz Navidad! Como siempre tan interesante.
ResponderEliminarladulzuradelabelleza.blogspot.com