En el mundo de la belleza hay mucha tontería y a mí, que soy un adicto a lo práctico (si tecleas “pragmatismo” en google imágenes sale un foto mía), a ratos me enerva más de la cuenta. No podemos olvidar que la cosmética, aunque nos apasione, es un negocio que mueve anualmente unas ingentes cantidades de pasta y que lo importante es vender. Cuanto más, mejor. Y este principio es el mismo para todas las marcas sea cual sea su filosofía, valores o canal de distribución. Los laboratorios no trabajan por amor al arte ni para que tu chica te vea más guapo, más joven y con una pelazo imperial. Lo hacen para ganar dinero. Por eso, en ocasiones podemos perder de vista lo que debería ser el fin último de una crema: que funcione.
Entre tanta campaña de marketing viral, tanta sensorialidad y tanto frasco de vidrio esmerilado diseñado por el ayudante estrella de Moneo, uno puede extraviarse con suma facilidad porque el árbol de la publicidad impide ver el bosque de la eficacia. Montar todo este circo de tres pistas cuesta un dineral que acaba repercutiendo en el precio final del producto y que, desde el punto de vista del efecto cosmético, no es más que un gasto superfluo. Se han llegado a dar casos en los que producir el continente ha sido mucho más caro que elaborar el propio contenido. Y es que los costes de los envases de última generación, los sofisticados packagings y, si se tercia, la celebrity de turno que pone su imagen pueden disparar los presupuestos más ajustados. Eso sí, dan un glamour que no veas.
De ahí que el martes pasado saliese tan contento de la presentación de una marca nueva de gracia Etat Pur. Nacida el 6 de junio del año pasado en Aix-en-Provence, a 30 km al norte de Marsella, está todavía en pañales. Detrás de ella se encuentra el biólogo farmacéutico Jean-Noël Thorel, creador de las muy respetadas Bioderma y Esthederm, que huye de los fuegos artificiales para centrarse en lo básico: calidad a precio asequible.
¿Y cómo lo han hecho? Lo primero es que son ellos mismos los que distribuyen a través de su página web www.etatpur.es, evitando así los intermediarios y sus altos márgenes de beneficios. Los gastos de envío están alrededor de los tres euros. Lo segundo es que no hacen campañas de publicidad a gran escala. Y lo tercero es que no utilizan packagings lujosos ni folletos innecesarios. Esto en cuanto al precio. La calidad la consiguen utilizando ingredientes fáciles de asimilar por la piel, con un alto grado de pureza y en las dosis correctas. Y con estas han lanzado dos gamas con cuarenta productos cada una: Activos puros y Cuidados biomiméticos. La primera se centra en tratamientos específicos como arrugas, brillos, ojeras, manchas o falta de firmeza. La segunda trata los cuidados diarios tanto faciales como corporales. Además, se puede elegir entre una paleta de cinco texturas, desde la más ligera a la más rica, en los productos hidratantes y nutritivos. No nos engañemos, a estas alturas de la película mi piel necesita casi todas las referencias, pero eso es otra historia.
Su web está llena de información útil e interesante: desde vídeos donde se muestran los orígenes geográficos y los métodos de obtención de los activos hasta un cálculo detallado del coste final del producto. Solo hay que entrar y rellenar un cuestionario sobre las necesidades de tu piel. Como digo, Etat Pur apunta maneras, pero solo llevo un par de días catándola y todavía no puedo emitir un juicio en profundidad. Si alguien ya la conocía o lleva tiempo probándola y quiere compartir su experiencia, será bienvenido. Pero no os dejéis engañar. Detrás de todos los procesos de fabricación respetuosos con el medioambiente, de las donaciones a organizaciones sin ánimo de lucro, de la gestión responsable y del proyecto de reforestación Pur Project, que llevan a cabo en la Amazonia para que los indios Kuntanawa puedan regresar a sus tierras, Etat Pur también quiere ganar dinero. Lo que le diferencia de otras marcas es que su campaña de marketing es precisamente no hacerlo.

















































