Este verano he asistido al nacimiento de una nueva tribu urbana: los jóvenes viejunos. Está compuesta por hombres y mujeres con pareja y sin hijos, que rondan la cuarentena y, aunque su aspecto es sin duda juvenil, se comportan como verdaderos carcamales. Y es que la edad, como el rock and roll, es un estado de ánimo. De ahí que existan ancianos de 20 años y adolescentes con más de 80 otoños a sus espaldas. Da igual que el número de velas sobre la tarta de cumpleaños parezca una reproducción a escala de los guerreros de Xian, si tú te sientes joven, lo eres. Unas canas aquí y allá, las primeras arrugas en el contorno del ojo o que el nasogeniano se te marqué un poquito más no son sinónimo de envejecer. Son sinónimo de que el tiempo pasa, que poco o nada tiene que ver con la edad real. Además, lo que diga el DNI no es más que una cifra informativa para que las fuerzas del orden público te tuteen o te llamen de usted mientras les firmas la receta. La verdadera senectud, la transformación en yayo se aprecia en otras actitudes. Y yo las practico todas. Vamos, que soy un joven viejuno de libro. Para poder detectarlos basta con prestar un poco de atención. Los primeros indicios los encontramos en el uso indiscriminado de las zapatillas de andar por casa. Como su propio nombre indica, su radio de acción debería circunscribirse exclusivamente al ámbito familiar, pero los viejóvenes lo han ampliado y han traspasado las barreras de su domicilio hasta llegar a los cubos de la basura, el chino de debajo de casa e incluso el bar de la acera de enfrente.
Otra de las pistas que los delata es el creciente interés por la predicción meteorológica. A los yayojóvenes nos interesa, y mucho, saber qué temperatura hace en los lugares donde vive gente que conocemos. Así podemos echar el día con sentencias del tipo “joder, 44 grados en Sevilla, qué calor tiene que estar pasando la prima María”. Asimismo, evitamos las zonas donde la juventud se reúne para salir de fiesta porque nos muestran el reflejo perdido de lo que fuimos, aunque nosotros ponemos la excusa del exceso de ruido y de un cierto olor ranciete. Preferimos lugares más tranquilos donde poder tomar un cubata y charlar o, mejor aún, quedarnos directamente en casa y que sean los colegas los que se desplacen. Y aunque ya hemos perdido la costumbre de salir de marcha, el día que lo hacemos somos imparables. Salimos poco, pero bien. Pero no se es oficialmente un yayojoven hasta que no pasas un verano completo con un par de calcetines en el bolso. Es la mejor arma para combatir a los terroristas del aire acondicionado que campan con total impunidad durante la época estival. En serio, ¿qué les ocurre a los de la RENFE? Igual nadie se ha parado a explicarles que los vagones no son cámaras frigoríficas y que en ellos vamos personas y no gambas congeladas. La nariz helada, el cuerpo aterido y las orejas como un whisky on the rocks sin el whisky. Es poner un pie en el tren y empezar a sacar ropa de la maleta para intentar mantener el calor corporal necesario que nos permita continuar con nuestras funciones vitales básicas, como que el corazón siga bombeando sangre, respirar o acudir al vagón cafetería, pedir un volcánico café doble y meter los pies en él.
¿Y qué decir de los responsables de los cines? ¿Por qué dentro de la sala hay -19º C? ¿Será acaso un técnica de márketing agresivo que nadie más que ellos comprende? En agosto he ido a ver tres pelis y las tres veces pensé que me había metido en Ice Age 4. Incluso el mamut protagonista acudió al estreno con bufanda, guantes y forro polar. Y claro, como en estas fechas calzamos alpargatas, sandalias o flipflops, los pies mutan en estalactitas en cuanto empiezan los tráilers. Y es en ese momento cuando echo mano al bolso, saco mi par de calcetines y entro de lleno y por la puerta grande en el Imserso para jóvenes de la Comunidad de Madrid. Nos tendrían que hacer una tarjeta con descuentos o algo por el estilo. En definitiva, que la cosmética puede contrarrestar los signos del paso del tiempo, pero los laboratorios todavía no han inventado un bótox contra el síndrome del abuelo prematuro. Bueno, os dejo que van a dar el Tiempo en el Telediario.
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