Me cuenta una señora con la que coincidí en el bingo que los seres humanos envejecemos por un déficit de zinc en nuestro organismo. Cuando me lo comentó lo primero que yo pensé fue: “¿Y esta por qué me dice esto ahora que estoy a un número de cantar línea?” Y es que hay gente que se pone nerviosa en momentos así y habla sin parar.
- Ochenta y tres… cincuenta y uno… sesenta y siete, seis, siete.
Ya veis, como si no supiéramos que el 67 son un seis y un siete… Si es que te digo yo que nos toman por tontos.
- ¡Línea!
- ¡Me cago en su padre!
- ¿Perdón?
- Nada, nada.
Por lo que se ve la señora ésta fue el otro día a ver a una amiga suya a la que no paró de criticar, por cierto, durante toda la tarde, por lo que deduzco que deben de ser, realmente muy amigas, y se la encontró en la cocina pegando unos lametones tremendos al marco de la ventana. Su hija, la de la amiga de la señora de mi mesa, que ya se encargó de contarme ella que la chica había hecho un curso de estética y nutrición en una academia que hay en Fuenlabrada, (ACADEMIA DE ESTÉTICA Y NUTRICIÓN, FELI), le había comentado a su madre que con la edad nos cuesta más absorber el zinc y ella, ni corta no perezosa se había aplicado con ansia y llevaba tres días chupa que te chupa. A la hija de esa mujer, la del curso, se le había olvidado decirle que el zinc lo podemos obtener de algunos alimentos como por ejemplo el cardamomo, el ajonjolí, el hígado o las carnes rojas y que no hacía falta engullirlo directamente de las piezas de metal.
Esa iba a ser mi tarde. Intuía que los números me iban a ser fieles y estaba seguro de que, por lo menos un bingo, sería mío. No habían salido más de treinta bolas y a mí ya solamente me quedaban por borrar cuatro números.
- ¡Bingo!
- ¡Mentiraaaaaaaaa! – Grité enfurecido -
- ¿Qué dice, joven?
- Nada, nada.
¡Qué asco la estaba cogiendo!
Ella no hacía más que cantar bingos y líneas como una descosida, pero así como sin darle importancia… Además seguía hablando y hablando, contándome lo del zinc. Me estaba volviendo loco así que, seguramente, algún número se me pasó.
- Pues ya le digo, joven, que lo del zinc va a ser verdad. La hija de mi amiga le contó que unos científicos de la universidad pública de Oregón lo habían descubierto, así que mi amiga, para cerciorarse, llamó a la universidad esa, preguntó por los científicos, les dijo que si era cierto que el zinc tiene que ver con el envejecimiento y le dijeron que sí, que sí, que estaban seguros.
- Fíjate tú… - Dije yo como para que creyera que la estaba escuchando, cuando realmente me la traía al pairo toda su cháchara, porque lo que estaba era pendiente del ochenta, que era el único número que me quedaba para una nueva línea. –
Ella continuó diciéndome que los científicos de Oregón le explicaron que la falta de zinc puede provocar un deterioro del sistema inmunitario y que además puede provocar que se produzca una inflamación sistémica.
- Ochenta y cuatro.
- ¡Uy!
Ella a lo suyo, que si los científicos esos trabajaron con animales de laboratorio ya viejunos y cuando les aumentaron la dosis de zinc diez veces rejuvenecieron muchísimo, que si tal y que si cual…
- Ochenta y dos
-¡Me cago en…!
Acabó diciéndome que los investigadores opinaban que las personas mayores debían tomar una cantidad superior de zinc a la recomendada para los adultos, es decir ocho miligramos para las mujeres y 11 miligramos en el caso de los hombres y que si todo el mundo lo hiciese luciríamos como pimpollos hasta los ochenta.
- ¡Bingooooo!
- Señores han cantado Bingo. 3, 6, 14, 19, 22, 29, 31, 33, 45, 46, 58, 62, 65, 79 y 80. El bingo no es correcto. El 80 no ha sido cantado. Continuamos. Cuarenta y dos…
- ¡Bingo!
- La mato
- ¿Perdón?
- Nada, nada.